La ciudad se viste de Festa y se engalana. Los ciudadanos adornan con damascos las fachadas
y enraman las calles. El mercado, con mezcla de co- lores, olores y griterío, ofrece al
visitante sus productos, los artesanos trabajan según los viejos oficios, y los tenderos
sacan los mostradores a la calle. Los fogones de las cocinas destilan antiguos aromas.